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17 de junio del 2016

Al finalizar el siglo pasado, las familias cordobesas se reunían por costumbre con el fin de disfrutar de algún concierto de música selecta, admirar una acuarela o escuchar versos de nuestros inspirados poetas, por decisión unánime y dadas las muchas ocasiones en que se celebran estos eventos acordaron fundar un Centro de Reuniones que recibió el nombre de Casino Cordobés.


Un sábado dio principio a las 11:00 de la noche el grandioso baile de disfraces que vino a ser escenario de aquella misteriosa leyenda. Más de 30 concursantes participaron, aunque eran bien conocidos ya de antemano todos con el antifaz puesto, aun cuando se cuidó de hacer respetar las condiciones establecidas por el jurado, era casi imposible guardar el anonimato, entre todas aquellas parejas destacaba una que nadie podía imaginar quienes eran la distinguida dama y el apuesto caballero, los cuales vestían a diferencia de los demás concursantes (cuyos estilos requerían ser confeccionados con telas de brillantes colores, adornos y llamativos tocados)…el traje de época perteneciente a los años de 1830 a 1850. Y tal parecía que en lugar de querer sobresalir querían pasar inadvertidos, pero que los muchos comentarios se encargaron de hacerlos notar, pidiendo para ellos el primer lugar. Al momento de premiarlos los dos jóvenes habían desaparecido del salón, alguien los había visto bajando la escalera que conducía a la calle y abordaron un antiguo carruaje cuyos negros caballos doblaron a toda carrera la esquina conocida como El 5 de Mayo, enfilando rumbo a la Plaza de Armas.


Sin perder tiempo se comisiono al conserje para que a toda prisa fuera en seguimiento de la carroza para hacer la entrega de los premios. No habían terminado los jueces de entregar los premios cuando regresa el conserje a toda carrera y blanco del susto, traía un hermoso abanico de plumas que entrego junto a una extraña noticia: una vez que llego a la esquina de El 5 de Mayo, hoy Avenida 3 y Calle 4 donde se detuvo para tomar aliento, vio en la distancia al pie del portal de La Victoria (hoy edificio de La Latino) Avenida 3 y Calle 1 donde se detuvo el carruaje, descender a la misteriosa pareja, como si flotara en el aire atravesó la cerrada y carcomida puerta del caserón dejando en la entrada aquel abanico de plumas, y asomándose por entre las rendijas del portón, vio en el fondo del corredor apenas alumbrado a los dos fantasmas que subían caminando como si flotaran la escalera que llevaba a la parte alta abandonada de la mansión. Tuvo un intenso escalofrío que le daba mareos y le producía fuerte castañear de dientes al ver aterrado subir la empinada cuesta del callejón de los Aparecidos a aquel viejísimo carruaje como si flotara también y con todo y caballos se metió en las caballerizas donde a él le constaba había muchos años no vivía nadie ya…


Los asistentes solo lo tomaron como un cuento fantástico, pensaron que la pareja deseaba permanecer en el anonimato y de forma discreta a la mañana siguiente recogerían el valioso premio; con el tiempo, las celebraciones y la ausencia del conserje se olvidó poco a poco el incidente de la pareja.


Por los años 1915 0 1918 el Casino cambio nuevamente de domicilio, viniendo a ocupar como graciosa coincidencia la restaurada casa del portal La Victoria. Más tarde por ahí de 1930 el Casino comenzó a declinar quedando abandonado. Una noche de abril una pareja de visitantes que se había hospedado en el Hotel Zevallos se sentó a descansar en la última banca que daba precisamente al frente del casino, no obstante un corto circuito hizo que la luz eléctrica se fuera, la luz de la luna era clara y muy felices los esposos estaban disfrutando de la espléndida noche cuando de pronto empezaron a oír suave música que venía del fondo del portal, distinguiéndose en el interior dos personas que danzaban en las salas. De pronto una de aquellas puertas se abrió para dejar pasar a dos jóvenes en traje de época que parecían flotar en el aire y de repente dio la impresión que se hubiera esfumado.


El matrimonio no dio importancia pues supusieron se trataba de algún baile de disfraces. Después la esposa recordó haber dejado en la banca su abanico regresando a buscarlo y para su sorpresa estaba ahí pero en lugar del suyo había uno con varillaje de oro y plumas de avestruz, decidieron entrar al lugar para preguntar quién era la dueña que posiblemente tomo por error el otro, encontrándose con la puerta de entrada cerrada con pesados candados, viendo que aquel lugar daba la impresión de estar abandonado hacía mucho.


Se dice que por muchos años las personas a quienes les fue encomendado continuaban contando el misterioso relato de los fantasmas del Casino Cordobés.
Fuente: Autora: Rosa María Galán Callejas